martes, 24 de junio de 2014

Y yo, ¿no soy clase media?

¿Por qué me enoja tanto  la supuesta uniformidad ideológica de la clase media? ¿Por qué me enfurece tanto que cualquiera me empiece a hablar, sin conocerme, sin saber lo que pienso, de la yegua, la kretina y  demás lindezas? ¿Sólo porque no estoy de acuerdo? ¿O porque me hace acordar de algo que no me deja muy bien parado?
Yo podría decir (como dicen muchos) que la clase media siempre tuvo el mismo pensamiento político banal, superficial y profundamente discriminatorio y antidemocrático que podría resumirse así: “nosotros tenemos razón y si la elección la gana otro es porque está lleno de negros de mierda que votan ídem.”
Hace mucho tiempo yo estaba de acuerdo con la clase media. Durante la ya remota década menemista también la gente buscaba mi complicidad diciendo de  Menem que era negro, feo petiso y hablaba mal inglés. Otros descalificativos tan poco profundos y tan fuera de lugar como los actuales, aunque con la ventaja de que no había redes sociales ni foros de los diarios para que cualquier energúmeno diga cualquier cosa y el resto se ceben y todo escale hasta lo que se ve hoy día.
Y uno, clase media al final, no daba bola, Lo importante era que no lo quisieran a Menem aunque fuera porque era grasa o porque era riojano, o se peleaba con la mujer o salía con vedettes.
Por ahí la gran diferencia es que no había grieta. La grieta es un concepto bien ombliguista (iba a poner etnocéntrico pero no quiero que me tilden de Fosteriano o cartaabiertista) de la clase media que se encuentra con la sorpresa de que no todo el mundo piensa igual. No es sólo cuestión de negros pobres que ya se saben que no piensan. Estar en desacuerdo con los negros, (peronismo-antiperonismo) no es grieta. Es sólo sentido común.

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