martes, 17 de junio de 2014

Las playas brasileras (a mí, me gusta decir brasileras)  tienen características muy diferentes a las  argentinas. No me refiero solamente al clima, a la temperatura del agua o a la vegetación circundante. En principio las playas de Brasil son, digamos así,  naturales, a diferencia de las playas argentinas que han sido muy modificadas por el hombre para eliminar los médanos naturales que hacían excesivamente difícil llegar a ellas.
Pero además las playas brasileras no responden al capricho de un urbanista que decidió que en la calle X termina el balneario A y comienza B, sino que están limitadas por bahías, y montañas que entran al mar y van cortando la costa en pequeños pedacitos que a veces producen dos playas completamente distintas a pocos metros de distancia: una de aguas calmas, la otra con grandes olas;  una con arena fina, la otra con piedras;  una enorme, la otra tan pequeña que desaparece con la marea alta.
Las playas argentinas están donde hay pueblos o ciudades; las playas brasileras están en todas partes. Esto tiene la molesta consecuencia de que algunas playas muy hermosas están muy lejos de las poblaciones y son de muy difícil acceso. Para colmo algunas se encuentran en terrenos  privados y hay que atravesar condominios para llegar a ellas. En general, esto es posible, pero aumenta la dificultad. Además en Brasil hay muchas islas. Y en ellas por supuesto hay playas también.

En esta sección (no se como armar secciones en un blog, así que será una sección virtual) hablaremos de algunas playas que son más o menos famosas por aparecer varias veces en los rankings que suelen elaborarse sobre las mejores playas del país y otras menos conocidas. También un par de islas que aparecen como un todo por razones que serán explicadas en su momento.

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