Las playas brasileras (a mí, me gusta decir
brasileras) tienen características muy
diferentes a las argentinas. No me
refiero solamente al clima, a la temperatura del agua o a la vegetación
circundante. En principio las playas de Brasil son, digamos así, naturales, a diferencia de las playas argentinas
que han sido muy modificadas por el hombre para eliminar los médanos naturales
que hacían excesivamente difícil llegar a ellas.
Pero además las playas brasileras no
responden al capricho de un urbanista que decidió que en la calle X termina el
balneario A y comienza B, sino que están limitadas por bahías, y montañas que
entran al mar y van cortando la costa en pequeños pedacitos que a veces
producen dos playas completamente distintas a pocos metros de distancia: una de
aguas calmas, la otra con grandes olas; una con arena fina, la otra con piedras; una enorme, la otra tan pequeña que desaparece
con la marea alta.
Las playas argentinas están donde hay
pueblos o ciudades; las playas brasileras están en todas partes. Esto tiene la
molesta consecuencia de que algunas playas muy hermosas están muy lejos de las
poblaciones y son de muy difícil acceso. Para colmo algunas se encuentran en
terrenos privados y hay que atravesar
condominios para llegar a ellas. En general, esto es posible, pero aumenta la
dificultad. Además en Brasil hay muchas islas. Y en ellas por supuesto hay
playas también.
En esta sección (no se como armar secciones
en un blog, así que será una sección virtual) hablaremos de algunas playas que
son más o menos famosas por aparecer varias veces en los rankings que suelen
elaborarse sobre las mejores playas del país y otras menos conocidas. También
un par de islas que aparecen como un todo por razones que serán explicadas en
su momento.
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