jueves, 14 de agosto de 2014

George Lucas, el robo y la calidad.

Últimamente me he enterado que muchos sostienen que Star Wars es, en cierto punto, un afano a una peli de Akira Kurosawa, director japonés poco frecuentado por adolescentes pochocleros, llamada La Fortaleza Oculta.
No he visto esa película e incluso ignoro si la fortaleza mentada es una construcción o un cualidad moral, pero me extrañaría que ese filme incluyera naves espaciales, sables de luz, arturitos, citripios y otras cosas que hicieron que a mis siete años me fanatizara por esta saga, que hoy en día, mucho más culto y culturoso, sigue siendo intocable para mí.
Pero de todos modos, el tema es que si bien defiendo a capa y espada, (o sables de luz), a Star Wars,  no me pasa lo mismo con George Lucas. Vaya uno a saber por qué. A diferencia de lo que me ocurrió con otros directores, con los cuales me bastó ver una película que me gustara para querer conocer toda su filmografía, con Lucas nunca me pasó nada semejante.
Quizás porque supongo que Star Wars es casi una obra impersonal, un producto de los estudios, probablemente (en realidad, no lo sé) que contó con la interferencia de distintos guionistas, productores, testeos de mercado y decisiones comerciales que convirtieron a la saga en lo que es: un producto de dudosa calidad, kitsch, edulcorado, lleno de bajadas de línea…

Pero irresistible.

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