sábado, 19 de julio de 2014

El tiempo es finito

Lamentablemente, llega un momento en la vida en que uno tiene que aceptar que el tiempo es finito. Con esto quiero decir que se acaba, no que no es grueso.
Esta constatación, por razones que mis psicólogos explicarían mejor que yo, es especialmente complicada para mí, pero aparentemente le es complicada a humanos mucho más centrados y normales que yo.
La cuestión es que el tiempo es finito, se acaba y generalmente uno quiere hacer más cosas de las que caben en 24 horas, en 15 días de vacaciones o en 70 años de vida.
Y para algunos de nosotros elegir es una tortura. Sabemos que cada elección que hacemos implica deselegir un montón de otras cosas. Queremos ir a acá y allá, pero elegimos ir acá y quizás ya jamás tengamos la oportunidad de ir allá.
Por eso creo que a veces los prejuicios son buenos, llega un momento en que al menos nos ayudan a elegir. Llega un momento de la vida en que es bueno quedar fiel a sus prejuicios y ya no intentar cambiarlos ni desafiarlos.
Eso me da la facilidad de que me digan lo  que me digan, jamás me tentaré en ver una película de Ben Affleck o Clint Eastwood, ni a leer a Coetzee o Manuel Puig, ni a escuchar a Yes o Lisandro Aristimuño.

Probablemente me esté perdiendo cosas maravillosas, pero la verdad es que aunque venciera mis prejuicios de todos modos me perdería de otras cosas maravillosas porque, justamente, el tiempo es finito.

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